El duelo de América
“No tiene tiempo”, es la respuesta típica, esperada e incluso prevista por varios de los corresponsales latinoamericanos a la hora de pedir entrevistas con los candidatos presidenciales John McCain y Barack Obama. El tiempo, verdaderamente, parece escaso cuando el enfoque principal es llegar al público estadounidense, cuando temas como Irak y la crisis económica dominan la agenda interna y cuando, entonces, los asuntos al sur del continente parecen lejanos, extraños y poco importantes.
Curiosamente, la falta de tiempo y enfoque es la mayor crítica a la administración de George W. Bush en su relación con América Latina y es ahora una de las deudas en política exterior que heredará el próximo presidente de Estados Unidos. Sin embargo, con sólo cinco meses de campaña por delante, tanto McCain como Obama parecen estar conscientes de que lo que se dice y hace en relación a Latinoamérica afectará sus anhelados votos hispanos, que hasta el momento dan las preferencias al candidato demócrata con un 62%, según la última encuesta Gallup. Queda claro que si el objetivo de ambos es reencantar a Latinoamérica, necesitarán mostrar mucho más que palabras.
De hecho, una de las pocas coincidencias que ambos candidatos comparten, en relación a América Latina, es la baja popularidad de la imagen de Estados Unidos. “Los dos van a intentar mejorar el perfil de su país en el exterior; se dan cuenta del daño que la reputación de Washington ha sufrido en el resto del planeta”, dice Christopher Sabatini, director de política del Consejo de las Américas.
Un primer paso para acercarse a la región se juega en la imagen que ambos son capaces de proyectar hacia el sur y el público hispano residente en Estados Unidos. “Obama dará más credibilidad a la percepción de que el país está cambiando, que reconoce sus errores y está dispuesto a repararlos, mientras McCain proyectará una imagen de continuidad”, dice Ted Piccone, subdirector de política exterior de Brookings.
A pesar de esto, varios expertos piensan que la apariencia tradicionalista del candidato republicano puede ser una ventaja para conectarse a nivel de gobiernos. “En México la elite política tiene más cercanía con McCain porque lo conoce y el trabajo con ella puede ser más fluido, pero por otro lado, la población tiene más interés en Obama, porque representa un aire nuevo y una candidatura inspiradora”, dice Andrew Selee, director del Instituto México del think tank Woodrow Wilson Center.
En negro y blanco
Una de las principales críticas con las que el senador de Illinois ha tenido que lidiar en su campaña es la falta de experiencia en política exterior, incluyendo su conocimiento sobre la región. De hecho, Obama nunca ha visitado Latinoamérica, en contraste con McCain, quien nació en Panamá (en una base militar) y ha dejado en claro su vasta experiencia en viajes hacia América Latina. Además, el candidato republicano representa al estado de Arizona, que cuenta con 29% de población hispana y que está en la frontera con México.
Pero según Peter Hakim, presidente del Diálogo Interamericano, la capacidad de entender lo que pasa en América Latina radica en otros factores. “Ninguno de los dos conoce mucho sobre la región; la pregunta es con qué principios ambos, en el caso de ser presidente, van a decidir las políticas”, dice. “No se trata de cuánto tiempo pasaron en Cancún”.
Además, otros analistas, como Selee, destacan que la crítica basada en la falta de experiencia en política exterior no se aplica a ninguno de los dos candidatos. “Es evidente que McCain tiene mucha solidez en esta área, pero Obama tiene instinto y conocimiento personal por su experiencia viviendo en un ambiente multicultural”, dice el directivo del Woodrow Wilson Center. “Los candidatos se destacan mucho más por su experiencia interna que por su experiencia internacional, pero hoy eso es diferente para ambos”.
Ahora, cuando se habla de libre comercio, las diferencias se acentúan con mayor intensidad, donde el flamante nominado demócrata parece estar pisando un terreno más borrascoso que su contendor. Con un partido que aún no ratifica el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia y que ha levantado serios cuestionamientos sobre derechos laborales y humanos en el Congreso estadounidense, el camino no parece fácil. Incluso el mismo Obama ha tomado como bandera la revisión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta). “Nuestra diplomacia hacia México debe apuntar a la enmienda de este acuerdo. Voy a impulsar estándares laborales y ambientales aplicables, y no tratados paralelos imposibles de implementar que poco hicieron para evitar los errores del TLC”, dijo en uno de sus discursos, una visión que parece confusa para varios analistas.
“No está claro lo que quiere hacer Obama con el Nafta. Pienso que sus declaraciones fueron más retórica durante la campaña que una posición concreta”, dice Sabatini. Esta opinión resonó bastante después de que en febrero de este año se difundiera una supuesta conversación entre uno de los asesores económicos de Obama, Austan Goolsbee, y el cónsul general del gobierno canadiense, George Rioux. En un memorando, que habría sido elaborado sobre la base de la conversación, se establecía que Goolsbee habría asegurado a Rioux que “aunque reconocía el sentimiento proteccionista surgido en la campaña, éste debía ser visto más como un posicionamiento político que como una articulación clara de nuevas políticas”. Una vez que el memo fue difundido por la prensa canadiense, los involucrados negaron la información.
McCain, por otra parte, presenta una postura muy diferente, e incluso ha mencionado al libre comercio como una de las prioridades de su futura agenda en la región. Durante su campaña ha defendido enfáticamente el TLC con Colombia y la promoción de más acuerdos mercantiles con América Latina. “El progreso comercial entre EE.UU. y América Latina se ha estancado, lo que repercute en la prosperidad hemisférica. Abriré nuestros mercados y haré todo lo posible para abrir los de América Latina a los bienes y servicios estadounidenses”, ha dicho en varias entrevistas. De hecho, al cierre de esta edición se especulaba sobre una posible visita de McCain a Colombia.
El entusiasmo de McCain en esta área parece llegar tan lejos que incluso ha tocado el agonizante tema del ALCA. “Puedo imaginarme un acuerdo de libre comercio hemisférico”, bosquejó en una de sus declaraciones a la prensa argentina. Sin embargo, el ímpetu del senador de Arizona es visto con aprensión por expertos, sobre todo considerando la resistencia entre los países clave para concretar esta idea: Brasil y Argentina. “Relanzar ALCA no es realista”, enfatizó Piccone.
A la hora de evaluar las posibilidades sobre cuál de los dos aspirantes sería más efectivo en destrabar la agenda comercial con la región, las distancias entre ambos se acortan. Según Paulo Sotero, director del Instituto Brasil en el Woodrow Wilson Center, “en el contexto de una mayoría azul [demócrata] en el Capitolio, un presidente de ese partido tendrá mejores posibilidades que un republicano para realizar las negociaciones internas necesarias que destraben la agenda comercial”.
Es la economía, estúpido…
Inmigración es el tema más relevante para los votantes hispanos en EE.UU. y, por tanto, tema obligado de los candidatos presidenciales de cualquier elección en los últimos años. Pero, aunque el debate inmigratorio ha dividido a Estados Unidos en la última década, éste no parece ser terreno de enfrentamiento para Obama y McCain. Ambos han manifestado su intención de avanzar en la obtención de una reforma eficaz, y más aún, durante 2006 McCain fue coautor, junto al senador demócrata Edward Kennedy, de un difundido proyecto de ley para reforma inmigratoria, que fue apoyado por Obama. “Para la región será muy importante que la próxima administración trabaje en esta área en conjunto con el Congreso. Cualquiera de los candidatos puede lograr esto”, dice Abraham Lowenthal, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de California del Sur.
Pero si hay consenso en la reforma migratoria, no lo hay en el tema cubano, el segundo en importancia para los votantes de origen latinoamericano. McCain ha sido enfático al mantener la línea dura con la isla, basada en que cualquier apertura diplomática hacia La Habana debe partir con cambios radicales en el gobierno isleño, lo que coincide con la postura de varios políticos vinculados al estado de Florida y de parte de la población de exiliados cubanos, concentrados en la primera generación. Éste es el mismo público hispano al que apeló George W. Bush en las elecciones de 2000 y 2004 para ganar la presidencia, lo que se tradujo en la designación de varios diplomáticos y políticos, destacados por tener una línea más dura hacia Cuba, en cargos importantes vinculados con la región, como Otto Reich y Roger Noriega.
Este escenario causó cierta molestia en los gobiernos de algunos países latinoamericanos y en círculos académicos que consideraron los nombramientos como un reflejo de que la política para América Latina está acaparada por la relación entre Estados Unidos y Cuba. Según Susan Kaufman, directora del Centro de Política Hemisférica de la Universidad de Miami, esto podría repetirse si el senador de Arizona fuera presidente. “Él no ha dado ninguna indicación que vaya a cambiar la política en relación a la isla. Quiere ver democracia en Cuba y cree que la forma de lograrlo es no hacer fácil la vida de Raúl Castro”.
Varias fuentes vinculadas a la campaña republicana han asegurado que McCain ha sido asesorado por personas vinculadas a la línea más cerrada en cuanto a las relaciones con la isla, entre ellos Reich, el senador Mel Martínez y los congresistas Lincoln Díaz-Balart, Mario Díaz-Balart e Ileana Ross Lehtinen, todos vinculados a Florida. Sin embargo, otras fuentes apuntan al liderazgo de Bernard Aronson, ex subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos durante la administración de George Bush padre.
En contraposición, las primeras declaraciones de Obama apuntaban a cambios radicales hacia Cuba, e incluso al levantamiento del embargo económico que lleva 46 años. El candidato ha asegurado que mantendrá esta política, pero que relajará las medidas relacionadas con el envío de remesas y más permisos para viajes. Por otra parte, varias fuentes indican que el grupo de asesores del candidato demócrata en América Latina tiene un carácter diverso. Entre ellos figuran Dan Restrepo, director del Proyecto de las Américas del Centro para el Progreso Americano. Además, está su cercanía con Bill Richardson, gobernador de Nuevo México, quien ha remarcado la importancia de fortalecer los vínculos con la región. “El equipo de Obama es más variado”, asegura Hakim. “Hay personas que están muy al día con lo que pasa en América Latina y con el rol que Estados Unidos puede jugar”.
Pero hasta que se cuente el último voto, nadie ha dicho la palabra final. Como se vio con Hillary Clinton, que hoy sufre su derrota ante Obama, todo es posible. Expertos enfatizan que cuando se habla de las políticas hacia América Latina esta regla parece aplicarse más. “Cuando se habla sobre cuál de los candidatos es mejor para los intereses de Latinoamérica, la respuesta está en otra pregunta: ¿cuál de los dos será capaz de recuperar la fuerza de la economía estadounidense?”, dice Abraham Lowenthal. Ante esta pregunta, McCain cuenta con un set de recetas ortodoxas y mecanismos de mercado en una economía desregulada y liberalizada. Obama pone el acento en educación, capacitación, ampliación del sistema de salud y beneficios para los desempleados.
En esta contienda electoral hay, al menos, una gran certeza. Muchos de los temas más relevantes que deberán discutir los candidatos en materia interna tienen fuertes vínculos o efectos directos en América Latina. Si aún no decide su voto, tendrá tiempo para hacerlo. En los cinco meses de campaña que quedan, América Latina no quedará fuera del debate.
Saludos a Brasil. Tanto McCain como Obama coinciden en que Estados Unidos debe aumentar su independencia del petróleo, y el incentivo en el uso de biocombustibles parece ser una alternativa para ambos. En declaraciones a la prensa brasileña el senador de Arizona aseguró que es partidario de facilitar la importación de etanol de Brasil. Por su parte, Obama ha desplegado propuestas para incentivar el desarrollo de energía renovable. Entre ellas, invertir US$ 150.000 millones en los próximos diez años para avanzar en la infraestructura para biocombustible y combustible, entre otras cosas.
Súper superávit. ?El comercio entre EE.UU. y América Latina está en torno a los US$ 600.000 millones al año. La relación es –alza en el precio de los commodities mediante– superavitaria para América Latina. De acuerdo a las últimas cifras de la Secretaría de Comercio de EE.UU., el superávit latinoamericano en los cuatro primeros meses de este año suma US$ 31.651 millones, comparado con los US$ 30.916 millones en el mismo período de 2007. La cifra representa el 12,5 % del ?déficit total en el comercio de bienes de EE.UU.
Plan Mérida. ?La violencia al otro lado de la frontera y sus efectos para la seguridad de Estados Unidos es un tema fundamental. Obama y McCain han destacado la importancia del Plan Mérida, que busca combatir el narcotráfico y el crimen organizado en México y Centroamérica, e incluye US$ 1.400 millones en ayuda para México y US$ 450 millones para Centroamérica en tres años. “Necesitamos ayudar a México lo más que podamos’’, ha dicho el candidato republicano. Y Obama incluso ha dicho que durante su presidencia aumentará los fondos de este programa.
Voto hispano: El atractivo del swing. Durante los cinco meses que dure la campaña, los candidatos deberán competir por atraer el voto hispano, considerado un elemento crucial por su número (unos 10 millones de latinoamericanos pueden votar en EE.UU.) y porque es un voto que cambia con facilidad. Más allá de que cerca del 57% de los hispanos en EE.UU. se consideren demócratas, el 23% republicanos y el 12% independientes, estas preferencias pueden cambiar en la urna de votación de acuerdo a las promesas que los candidatos hagan en ciertas políticas concretas.
El factor Chávez?. “Hugo Chávez o Venezuela” son palabras clave para que cualquier político pegue un salto en Washington. De hecho, la preocupación de Estados Unidos en relación a Caracas ha llegado a tanto que el Pentágono anunció que el próximo 1 de julio se restablecerán las operaciones de la Cuarta Flota estadounidense, con lo que después de 58 años de ausencia, volverá a patrullar los mares latinoamericanos.?? A la hora de hablar de Chávez, ninguno de los candidatos se ha quedado corto. McCain ha asegurado que el líder venezolano “debe dejar de insultar al presidente de Estados Unidos y esclarecer su presunta relación con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia”. También ha declarado que en su presidencia trabajará para “prevenir que Venezuela y Bolivia tomen el mismo camino al fracaso al que Castro ha llevado a Cuba”. Aunque Obama partió con una postura más moderada e incluso en enero dijo que se reuniría con Chávez sin precondiciones, en declaraciones recientes aseguró que “si Venezuela ha violado esas reglas, deberíamos movilizar a todos los países para que impongan sanciones a ese país y hacerle saber que su conducta es inaceptable”.
Fuente: americaeconomia.com








