El mercado es un sentimiento
Primer estudio latinoamericano de percepciones sobre la industria financiera en América Latina realizado por AméricaEconomía y la UAI School of Management permite conocer la visión sobre nuestros mercados de capitales en medio de la explosión de la crisis global.
Por Chistian Johnson* y Rodrigo Díaz
Dicen que es un mito. Que en verdad nadie saltó por la ventana en la debacle financiera de los años 30. Pero está claro que en tiempos de crisis las emociones dominan las mentes más brillantes. Y aquellos que en tiempo de estabilidad hacen ostentación de su actuar racional y lógicas decisiones de inversión, en momentos de incertidumbre simplemente se suman al pánico colectivo. Se suman al comportamiento irracional de la manada y venden, venden y venden, haciendo que todo se vaya al suelo. Incluso las emociones.
¿Saltará alguien esta vez por la ventana? Hasta ahora no se sabe de casos, pero quién sabe. La explosión de la crisis financiera de las últimas semanas amenaza con recesión en todos los mercados de este interconectado planeta. Los efectos ya son evidentes en los mercados cambiarios y bursátiles, sin aún poder dimensionar qué tanto se transmitirá al sector real.
En este turbulento contexto emocional AméricaEconomía Intelligence y la Adolfo Ibáñez School of Management llevaron a cabo el primer estudio latinoamericano de Percepciones sobre los Mercados Financieros de América Latina. Convencidos de que las percepciones determinan las emociones, realizamos una encuesta entre más de 2.500 ejecutivos de toda la región para preguntarles cómo ven sus mercados de capitales, tanto desde el punto de vista de la solidez, las regulaciones y la ética con que funcionan. La encuesta se efectuó las primeras semanas de septiembre, cuando la crisis no había explotado tan fuertemente aún, por lo que las percepciones analizadas no están influidas por los acontecimientos de las últimas semanas.
Lo primero a destacar es que los ejecutivos no evalúan de igual manera a todas las instituciones financieras. Cuando se les pide dar una evaluación a tres de ellas, como bancos, seguros y agentes de bolsa, estas últimas son juzgadas con mayor severidad de manera sistemática por todos los países.
Hay, de hecho, una gran diversidad en la percepción de cómo los mercados bursátiles han apoyado el desarrollo de su país. Si bien chilenos y brasileños consideran que la bolsa de valores ha sido importante para el desarrollo económico, los encuestados de Ecuador, Uruguay, Argentina y Venezuela estiman que no ha sido así.
Esta visión negativa se corrobora con la percepción que tienen los ejecutivos de estos países sobre si los precios de las acciones reflejarían realmente el valor de las empresas que allí cotizan. Esta percepción es especialmente fuerte entre los uruguayos y venezolanos. Por el contrario, en Chile y México (y algo por debajo en Brasil y Perú) los precios sí reflejarían la valoración real de las compañías, validando la teoría de que se trata de mercados más eficientes.
También hay amplias discrepancias en América Latina sobre el grado de integración que sus mercados financieros tienen con los mercados globales. Un dato interesante en momentos de una crisis global que busca canales financieros de contagio para las economías internas. Venezuela, Uruguay, Ecuador y Colombia presentan los signos de menor integración, mientras países como Brasil, México y Chile se perciben como los más integrados, y por lo mismo quizá, como los más vulnerables a shocks y vaivenes bursátiles externos como los que estamos viviendo.
No obstante, más relevante aún es la percepción sobre los grados adecuados de regulación de los mercados financieros. La percepción general entre los encuestados es que los mercados financieros no están sobreregulados y que, por lo tanto, hay espacios para mayor regulación.
Codicia y Sanciones
Los ejecutivos que contestaron la encuesta, de los cuales un 40,4% dice participar del mercado b ursátil, perciben que las sanciones en los países de la región por ilícitos financieros son muy bajas frente a la posible recompensa que pueden tener. Brasil, Argentina, México, Perú, Chile y Colombia son los países que perciben más bajas las sanciones. Al otro lado están los uruguayos, quienes dicen que las sanciones son adecuadas.
Una forma de evaluar la existencia de ilícitos y malas prácticas, así como la necesidad de regulación y control en el mercado, consiste en medir la percepción que tienen los agentes respecto de la probabilidad de que las autoridades puedan notar o descubrir este tipo de conductas. Chile y Colombia destacan por su institucionalidad y por su efectividad en su detección. Sin embargo, países como Ecuador, Venezuela y Uruguay parecen tener un largo camino por recorrer en términos de generar mecanismos de detección de ilícitos.
Los encuestados creen que en América Latina los agentes de los mercados de capitales no tienden a actuar de acuerdo a la ética. Una de sus expresiones más concretas es en el abuso de información privilegiada: Venezuela, México y Uruguay son los países en que se perciben los mayores grados de abuso de esa información que no está disponible a los accionistas minoritarios para ganancias personales. Perú y Colombia son los países que la perciben menos.
Bajando un poco la magnitud del ilícito, se procedió a indagar por el simple uso (no abuso) de información privilegiada, situación irregular pero con una menor probabilidad de ser detectada. Las respuestas revelan que ésta es una práctica común, especialmente en países como México y Argentina.
Uno de los elementos más críticos percibidos por los encuestados tiene que ver con la concentración del mercado financiero. Cerca del 80% en promedio piensa que las plazas son controladas por unos pocos agentes, presentando así un alto margen de concentración para todas sus industrias, incluso la bursátil.
Este factor está ligado también al costo de operar. Los ejecutivos de todos los países revelan que el costo de transar en la bolsa no es bajo, lo que claramente desincentiva la participación de una variedad de agentes y va contra la profundidad del mercado, dejándolo sólo para unos pocos participantes.








