Precisión quirúrgica
Crear fondos anticíclicos de infraestructura es sólo una parte del problema. También hay que priorizar adecuadamente los proyectos.
por Patricia Zvaighaft

Santiago. América Latina tiene una gran deuda con la infraestructura. En la región la mayoría de los países invierten entre el 2% y el 3% del Producto Interno Bruto (PIB), cuando debiera al menos del 6% del PIB para acercarse a las naciones asiáticas, donde la inversión llega al 8%. El déficit, finalmente, termina afectando a la competitividad y el crecimiento.
“La brecha existe y es muy grande, tan grande que uno no podría solucionarla, aun si trajéramos un camión muy grande dinero, que además no existe. No hay capacidad de nuestros gobiernos de cerrarla, ya que se acumuló durante muchos años”, explicó a AméricaEconomía.com, Ricardo Sánchez, de la División de Recursos Naturales e Infraestructura de la CEPAL.
Sin embargo, pese a lo negativo del panorama, Sánchez destacó que eso no significa que no tenga solución. El punto, dice, es que se necesita ser muy inteligentes en asignar los recursos necesarios: “Muchas veces hay que hacer casi que acupuntura, atacando los sectores donde hay más problemas y asignar rápidamente inversiones hacia allá”. En forma paralela, asegura, es necesario establecer una política de mediano plazo para ir disminuyendo poco a poco el déficit.
Garantizar el financiamiento público para obras de infraestructura no es cosa sencilla. Y para algunos países de la región la clave ha sido aprovechar los momentos de bonanza económica para la creación de fondos anticíclicos que puedan utilizarse en momento de crisis, como la actual. Sánchez explicó que esos fondos “son una clase de fondos estructurales que deben constituirse en tiempos de ciclos positivos, para aplicarse en las partes más negativas del ciclo. Ahora mismo estamos con la imposibilidad de actuar como prevención”, asegura.
Según explicó Luis Servén, especialista del Banco Mundial, América Latina tuvo grandes progresos desde los años 80 en materia de infraestructura, pero esto comenzó a estancarse a partir de 1998. No obstante, los gobiernos latinoamericanos poco a poco han ido entendiendo la importancia de la infraestructura para el crecimiento de sus propios países, y algunos han implementado fondos específicos para el desarrollo de grandes proyectos.
Por caso, el presidente mexicano Felipe Calderón lanzó durante su administración el Programa Nacional de Infraestructura (PNI) que, con una inversión cercana a los US$ 225.000 millones, contempla una serie de proyectos de infraestructura. En la misma línea, el mandatario brasileño Luiz Inacio “Lula” da Silva, ha desarrollado el Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC), que contempla inversiones de más de US$ 230.000 millones en obras públicas hasta el 2010.
Durante el seminario “Infraestructura 2020”, organizado por la CEPAL y el ministerio de Obras Públicas de Chile (MOP), que reunió a varios de los ministros de Obras Públicas de la región en Santiago, el titular del MOP, Sergio Bitar, destacó la importancia de crear este tipo de fondos específicos para infraestructura, y entre las conclusiones de la reunión señaló la necesidad de promover su ejecución. “A mí me gustaría que pudiéramos, además del presupuesto actual, disponer de un fondo de infraestructura a dos, tres años y durante este período que nos permita ir saldando los déficit que tenemos hoy en muchas áreas”, dijo Bitar.
Para el ministro de Obras Públicas de Uruguay, Víctor Rossi, para ver la factibilidad de estos fondos, es necesario analizar la capacidad de cada país para promoverlos. “Nosotros en el Uruguay tenemos algunos fondos, modestos como es el caso de la economía del país, pero seguramente necesitamos otras líneas de financiamiento y no descartamos aprender de otras experiencias para poner en marcha este tipo de instrumentos”, explicó.
De acuerdo a Jorge Bogan, asesor principal de la Corporación Andina de Fomento (CAF), generar fondos específicos es sólo una parte del problema. “Los fondos son una herramienta, lo que es básico es que haya una buena identificación de la necesidad del país, que se puedan identificar los proyectos y que sean priorizados adecuadamente”. Y agrega: “la disposición de fondos per se no garantiza ni que se hagan las cosas ni que se hagan bien”.
Fuente: americaeconomia.com








