El lugar más seguro del mundo
Por Luis Felipe Calderón, profesor asociado y Jefe Área de Administración de la Universidad Esan.
No hay lugar más seguro para la gacela que estar cómodamente instalada en el centro mismo de la manada, a buen recaudo de los depredadores. Pero si por error, cansancio o debilidad se sale de la manada será una fácil víctima. Tendrá el mismo trágico final si es rechazada por los demás miembros de la manada y es echada, de modo que necesita vehementemente ser aceptada por ellos.
Esta es una explicación a por qué muchos de nosotros, los humanos, hemos sido criados así: si siempre pensamos como los demás piensan, si respetamos siempre la autoridad y la tradición, si siempre fluimos con la corriente y nos confundimos con la masa, nunca tendremos problemas. Ser uno más del montón, o en casos excepcionales, ser el mejor del montón, es una estrategia muy segura. Casi siempre…
Pero como nada es perfecto, esta estrategia como cualquier otra, tiene su lado flaco: si estás en el centro de la manada serás incapaz de hacer cambios aún cuando resulten imprescindibles. Y, si la manada está en el rumbo equivocado, yéndose al despeñadero por ejemplo, nos iremos cómodamente instalados en medio de ella, dulcemente rodeados de afecto, calor y cariño, hacia una muerte segura.
En todo caso, si no te sientes capaz de nada mejor, fluir con la muchedumbre es una excelente estrategia. Te ahorra el peligro de pensar, de tener iniciativa, de luchar, de soñar y, sobretodo, de hacer realidad lo que sueñes. Serás un plácido y longevo mediocre, rodeado de la aprobación y amor de los demás mediocres.
Pero si eres un ejecutivo que espera llegar a los más altos cargos de tu organización y marcarle nuevos y mejores rumbos, seguir a la manada sólo es parcialmente deseable en tiempos de total estabilidad; esto es, en unos pocos momentos excepcionales. Pero en la mayoría de circunstancias, el buen ejecutivo necesita una fuerte capacidad de “pensamiento crítico”; es decir, debe poder pensar diferente, ir contra la corriente y preferir el “sentido propio” al “sentido común”.
Pensamiento crítico. Para formar y reforzar la capacidad de pensar críticamente debes entrenarte en argumentar tanto a favor de tus propias ideas como a favor de posiciones exactamente opuestas a las tuyas. Se trata de que pueda argumentar a favor y en contra de cualquier punto de vista, mientras mantienes la solidez (no rigidez) de tus propias convicciones. No se trata de que te vuelvas un ecléctico total y que creas cualquier cosa. No es esto. Se trata de conocer a fondo, también, los argumentos de los opositores y asegurarte de conocer a fondo los tuyos propios.
En el pensamiento de manada, lo obvio, lo que todos siguen y propugnan es fundamental. Por el contrario, para desarrollar pensamiento crítico debes saber que tu peor enemigo es lo obvio. Si hay un tema que nadie cuestiona, en el que todos están de acuerdo, empieza a sospechar que merece ser cuestionado y debatido. Y cuestiónalo sólo porque sí, sólo para ver que pasa.
Por ello, practica y propicia en quienes te rodean la capacidad de disentir y de explorar nuevos ángulos de análisis que vayan contra el sentido común. Y si tus reuniones de equipo se tornan tormentosas y acaloradas, alégrate. El mayor peligro para un equipo de rendimiento superior son los consensos fáciles: suelen ser síntomas de mediocridad. Si todo fluye dulce y amablemente, debería empezar a preocuparte muy seriamente por el nivel intelectual y la autoestima de quienes te rodean.
Y si eliges este camino no volverás a tener tranquilidad. Pero la diversión, estará garantizada.
Por Luis Felipe Calderón, profesor asociado y Jefe Área de Administración de la Universidad Esan.



