De resortes y anclas, de “Tigers” y “Popeyes”.
Recuerdo ahora un documento de la Revista Harvard Business Review, en este aparece el tratado de los autores Ralp L. Keeney, Howard Raiffa, John S. Hammond sobre las “trampas”, aquellas a las que nos enfrentamos cuando se trata de tomar decisiones. De las 8 trampas que ellos presentan la que me ocupa en este caso, es la primera, la trampa del ancla*.
Esta trampa, es la que nos mantiene fijos a un palenque moviéndonos en torno a él y sin poder alejarnos para buscar otros caminos, la causa, ampliamente conocida por todos, la aprendimos desde chicos y la estuvimos repitiendo durante toda nuestra vida. Esta creencia actúa como un ancla que nos sostiene y limita nuestro accionar a un área bastante restrictiva.
Todo esto tiene que ver con aquello que en algún momento nos enseñaron nuestros padres y/o abuelos sobre el dinero. Las frases; el dinero no crece en los árboles; no estoy hecho de dinero; las personas ricas no son felices; prefiero ser feliz a ser rico; tengo que trabajar no tengo tiempo para pensar en tonterías (refiriéndose al dinero); ¿Crees que me regalan la plata?
Todas estas frases nos dejan anclados en una creencia, en un punto fijo, no nos permiten desarrollar una manera diferente de pensar con respecto a lo que creemos del dinero. Siempre estamos girando y girando sin salir de aquella frontera, haciendo un canal cada vez más profundo en la tierra por donde caminamos una y otra vez alrededor de esto que creemos es la única verdad en nuestra relación con el dinero.
Esta trampa, nos deja prisioneros de lo primero que hemos escuchado, ¿podemos hacer algo al respecto? ¿Podemos dejar este peso y cambiarlo por un impulso? Claro que sí. Debemos de iniciar nuestra conversión y convertir esta ancla en un resorte que nos permita elevarnos y cambiar de dirección.
Debemos de considerar el problema de la falta de dinero o mejor dicho de la abundancia de dinero desde diferentes ángulos, no olvide que pedir ayuda a quien sabe más sobre esto nos puede ayudar a evitarnos muchas penurias. Abramos nuestra mente, recabemos información y diferentes opiniones sobre todo de las personas que han obtenido éxito financiero, pues ellas sabrán orientarnos de manera positiva.
Consideremos la opción de convertirnos en Tiger y dejar de ser Popeye, que cree que por comer sus espinacas la fuerza lo ayudará a vencer a sus enemigos mientras que su barco está anclado sin poder moverse. El único enemigo que tenemos somos nosotros mismos y nuestra inmovilidad y miedo al cambio.
Seamos Tigers y saltando sobre nuestros propios resortes busquemos nuevos caminos que nos permitan encontrar nuevos formas, nuevas ideas hacia nuestra libertad financiera.
Eco. Augusto Peralta A.
* Harvard Business Review, ISSN 0717-9952, Vol. 84, Nº. 1, 2006









