Histéricos
Por por John C. Edmunds
Los mercados financieros pasan por una severa crisis nerviosa. Ante la más leve provocación saltan, se desploman, trastabillan o tropiezan. Pero, a diferencia de lo que nos dice el registro histórico, los mercados financieros latinoamericanos podrían, en esta ocasión, estar inmunes a los efectos nocivos de la histeria global.
Para llegar a esta conclusión primero hay que analizar con calma la principal fuente de incertidumbre de los histéricos: el sistema financiero de EE.UU. Nadie sabe aún la verdadera magnitud de las pérdidas que golpean a los intermediarios financieros en ese país y si podrán ser remediadas de alguna forma. Hasta que tengamos mayor claridad, será difícil prever qué tan severos serán los efectos secundarios de esta crisis. Al mismo tiempo, el mercado de bonos está propagando el dolor a otras partes, ya que los analistas han puesto en duda las calificaciones de muchos papeles, incluso aquellos que no tienen relación alguna con las famosas hipotecas subprime. Y a medida que las calificaciones bajan, muchos inversionistas institucionales se ven obligados a vender ya que no poseen autorización para tener posiciones en instrumentos calificados como “basura”.
Además, el gobierno de EE.UU. brilla por su ausencia. Podría haber elaborado ya un plan de rescate que ayude a los propietarios a posponer la fecha de ejecución de sus hipotecas o a refinanciarlas. Pero los dos partidos políticos están tan enfrascados en sus luchas preelectorales que el Congreso no ha podido responder con más que un estímulo fiscal débil e inadecuado. Sólo la Reserva Federal ha salido decididamente a actuar. Sus cortes de tasas han sido el único estímulo y se espera que éstos sigan hasta que la economía dé señales de revivir.
Pero los latinoamericanos que miran con exceso de preocupación este cuadro debieran relajarse un poco. No sólo porque las perspectivas de crecimiento mundial siguen saludables gracias a China, India y otras
economías emergentes y sus altas tasas de expansión. También hay que dar gracias a una Europa que crece a una tasa superior a la acostumbrada. Si bien sus respectivos sistemas financieros han registrado pérdidas, éstas no se originaron localmente: se originaron en EE.UU.
Además, hay cuatro supuestos históricos que aún pesan en la región y que si se tiran al tacho de la basura permitirían mirar el horizonte más tranquilamente. El primero es que América Latina ya no depende
económicamente de EE.UU.. Los crecientes lazos comerciales de muchos países con Asia y Europa minimizan su exposición al riesgoso gigante del norte. Segundo: contrario a lo que muchos creen, las monedas en América Latina no se han fortalecido demasiado frente a otras monedas calificadas como fuertes. El dólar se está debilitando y, como los tipos de cambio en la región están expresados en la moneda estadounidense, da la sensación de que las monedas latinoamericanas se han fortalecido mucho. Sin embargo, una comparación con el euro ayuda a esclarecer la dimensión real del fortalecimiento monetario. Por ejemplo, en 2007 el real brasileño se fortaleció un 20% frente al dólar de EE.UU., pero sólo un 8% frente al euro. El peso chileno se fortaleció un 7% frente al dólar pero se debilitó frente al euro.
Tercero: hoy los países de América Latina no dependen de los créditos provenientes de EE.UU. Al contrario, desde 2002 América Latina ha pagado su deuda externa y se ha convertido en un proveedor de capital al mundo. Cuarto: los especuladores ya no son la fuerza preponderante en los mercados accionarios locales. Los principales son los fondos de pensiones, los cuales siguen con ánimo de compras.
Todos estos hechos son nuevos y por eso, a veces difíciles de recordar. En muchos persiste el cliché de que cuando EE.UU. estornuda, los mercados financieros de la región agarran pulmonía. Esta creencia además coincide con la visión de que América Latina está en la periferia de la economía mundial. Los hechos, sin embargo, demuestran que la región ahora controla su propio destino y puede seguir creciendo, sin depender de un rescate del sistema financiero en EE.UU. Prueba de ello es la cada vez menor dependencia comercial con el vecino del norte.
Moraleja: América Latina debería dejar de estresarse tanto por como le vaya a la economía de EE.UU. No oiga a los histéricos y ponga más atención a las inversiones locales, así como a Europa y Asia en cuantoa diversificación internacional se refiere. Vivirá más tranquilo.
Extraído de www.americaeconomia.com


