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Y Pensaba que era yo quien la manejaba…

Cómo todos en la vida, siempre deseaba lo mejor para mi y para mi familia. Pero mi problema comenzó aún antes de casarme. En realidad se convirtió en mi amante y me fue muy difícil el dejarla de manera definitiva.

Acababa de terminar la universidad y fue que la conocí. Llegó a mi, muy despacio, como deslizándose tímidamente, hasta ingresar a mi vida y seducirme, irremediablemente caí en sus brazos. Al comienzo era muy cariñosa, amable, siempre me defendía cuando me encontraba en alguna situación difícil. Pero como todo lo que se descuida, este enamoramiento se convirtió en un completo infierno.

Sus brazos de seda se convirtieron en una soga alrededor de mi cuello, sus palabras dulces se transformaron en gritos demandantes de atención y mi vida tomó un matiz completamente gris y azorado. Lo que antes fue un coqueteo candoroso, se transformó en un gran deseo de divorciarme a como diera lugar.

Bueno y ¿Cómo comenzó nuestra historia? Creo como todas las historias de amor, con una mirada de soslayo, una pequeña sonrisa y mucha ilusión. Era realmente hermosa, su piel era de un bonito color dorado, llevaba en su testa en bonitas letras blancas escrito su nombre muy juntito al mío.

Pensé que era sólo mía, pero me equivoqué, ¡Qué desilusión! Muy pronto me di cuenta que su nombre estaba en boca de muchas personas. Y cual sería mi sorpresa cuando vi que también era amante de casi todas ellas. Pero lo hacía tan bien, que nadie se quejaba de no ser el único, nadie estaba celoso.

Pero eso no era nada, lo peor era que ella podía sacarle la plata que quisiera a cualquiera de sus amantes. Y siempre pedía más y más. Y todos le daban todo su dinero sin chistar siquiera. Y aunque me duele decir su nombre no puedo guardarlo por más tiempo, ella se llama American Express.

Siempre la llevaba muy juntito a mi, a cada lugar que iba. Nunca salía sin ella, lo importante es que no me di cuenta que mientras más la usaba, mayor era el peso de la gran rueda de molino atada a mi cuello.

Ahora que lo pienso mejor, el problema no apareció por el hecho de andar de coqueteos con ella, apareció cuando pensé que podría controlarla en el momento que yo quisiera…

… pensando despacio en todo lo ocurrido y cómo fue tomando cuenta de mi vida, fui percatándome que el control de este enamoramiento, se me escapó de las manos cuando decidí comenzar a tener demasiados compromisos mensuales con ella, más allá de lo que podía efectivamente pagar. En realidad esto es justamente lo que hace que los bancos se mantengan vivos y con grandes ganancias. Y los amantes de las tarjetas cada vez con más problemas para poder pagar las cuentas de fin de mes.

Trataré de explicar cual fue mi comportamiento con ella, a decir verdad ella era cada vez más y más importante para mi. Al comienzo y aunque me duela decirlo, comencé a llevarla a pasear por todos los lugares a donde iba, sólo para mostrarla a los amigos y a las demás personas, pues con esto pretendía que aquellos que me veían tuvieran un buen concepto de mi, y además supieran que era una persona “digna de crédito”, aunque a fin de mes la soga de las deudas se apretaba cada vez más alrededor de mi cuello.

Las cosas fueron funcionando así durante algunos meses y siempre iba pagando un poquito de la deuda (el monto mínimo) y me quedaba con el principal como deuda pendiente en la cuenta de la tarjeta. Recuerdo muy bien como fue que comencé a caer en este abrazo del que me costó mucho el poder liberarme.

La primera compra que hice con esta tarjeta fue un pequeño regalo para quien el la época era mi enamorada, nada importante y en realidad era barato, pero las cosas no quedaron allí pues también compré un regalito para mí.

Por supuesto a fin de mes llegó mi estado de cuenta y en él se podía ver mi nombre y dirección así como el monto de mi deuda hasta la fecha. Pero había un pequeño detalle que no pudo pasar desapercibido. Este detalle me llamó realmente mucho la atención y opté por tomarlo en cuenta y hacerle caso, pues me permitía pagar mucho menos que lo que en realidad estaba debiendo, se llamaba monto mínimo.

¿Y cómo fue posible esa magia? Muy sencillo, el banco se había tomado la molestia de dividir mi cuenta entre 18 y sólo me estaba cobrando la parte correspondiente a un dieciochoavo del total. ¡Que maravilla! El banco estaba extendiendo mi plazo para pagarle.

Por supuesto pague la cantidad que decía monto mínimo porque era más fácil y más barato, lo demás podía pagarlo después. Para el mes siguiente seguí utilizándola, me compré una camisa, una bonita corbata, un terno realmente bueno, pues aproveché estaba en oferta y lo podía pagar al crédito sin intereses. Por supuesto, no desperdicié la oportunidad y me fui a divertir en una peña en Barranco, aquí también consumí y lo pagué todo con American Express.

A fines de mes llegó nuevamente mi cuenta y otra vez el banco se había preocupado para hacerme la vida más fácil, nuevamente dividió mi deuda en 18 partes y colocó bajo el concepto de “monto mínimo” una pequeña cantidad que debía de pagar. Los señores del banco siempre tan amables, preocupándose por sus clientes.

Los meses transcurrieron y yo seguía utilizándola, hasta que llegué a utilizar la línea de crédito por completo. Fue entonces que no puede seguir comprando nada más y sólo podía pagar los montos mínimos.

Al darse cuenta de esto, y cómo siempre pensando en los clientes, los señores del banco amablemente me ofrecieron comprarme la deuda de mi AMEX con otra tarjeta llamada VISA, pero eso no era todo por si fuera poco me ofrecían darme una línea 40% superior a la línea que ya tenía. Por supuesto acepté encantado. Eso dejaría mi adorada American Express completamente limpia y además tendría mayor línea de crédito…

… pero tan excelente noticia no podía pasar como si nada y para poder festejar tan excelente negocio invité a mi novia a cenar a uno de los mejores restaurantes de la ciudad, después la llevé a bailar a una discoteca de moda y le regalé una hermosa pulsera y gargantilla de oro. Naturalmente los pagos se hicieron con American Express.

Después de algunos meses pude tomarme una merecidas vacaciones en mi trabajo y decidimos hacer un pequeño viaje de turismo interno. Compramos los pasajes, hicimos las reservaciones en un bonito hotel y contratamos un tour para poder conocer la ciudad y sus alrededores. El pago con American Express. Después de haber pasado una semana realmente apasionante y haber visto y visitado los más bonitos lugares regresamos a Lima a proseguir nuestra rutinaria vida.

Llegado fin de mes me llegó no sólo la cuenta de Visa, quienes me habían comprado amablemente la deuda de mi Amex, sino también me llego la cuenta de Amex por todos los gastos hechos en mi pequeño viaje de vacaciones. Pero esto no me preocupó mucho pues si bien lo que tenía que pagar en VISA era una cantidad fija, con AMEX podía pagar el “monto mínimo” por supuesto fue esto lo que hice.

Y mi vida seguía fluyendo monótonamente de esta manera hasta que ambas tarjetas se vieron con sus líneas al tope y sin posibilidades de seguir siendo utilizadas para compras.

Pero porque preocuparme por estas cosas si el banco se puede preocupar por mí. Dicho y hecho me ofrecieron un préstamo personal (que bonito suena) para poder pagar la deuda de mis queridas dos amantes (Amex y Visa). Acepté en el acto y cancelé la deuda de ambas tarjetas, ¡que alivio!

Realmente se siente muy bien, pero esta euforia en realidad dura poco tiempo. Pues al llegar fin de mes la cuenta de mi préstamo personal no se hizo esperar. Pero que bueno, pues ahora sólo tenía que pagar una sola cuenta, aunque esta era mayor era más fácil de controlar, pues además era fija.

Parece mentira que la sensación de paz y tranquilidad que nos proporcionan las tarjetas de crédito en realidad sólo pueden compararse con los dolores de cabeza y las noches en vela que nos proporcionan una vez que las hemos utilizado de manera descontrolada. Fue así que debido a que el préstamo personal constaba de cuotas fijas que debía pagar a fin de mes nuevamente me descuidé y dejé que ellas tomaran cuenta de mi vida. Es mucho más fácil sacar una tarjeta de crédito para pagar por alguna cosa, que hacer el pago de inmediato. Al parecer diferir el pago de manera indefinida nos hace sentir mejor. De lo que no nos percatamos es que al único que beneficia esta acción de nuestra parte es al banco que administra las tarjetas de crédito.

Esto es lo que podríamos llamar una deuda mala, pues lo único que conseguimos con ella es retirar más y más dinero de nuestro bolsillo mes tras mes. Y aunque no lo creamos poco a poco estas deudas van tomando el control de nuestras vidas y les van quitando el color cubriéndolas de un gris desesperante.

Es importante el terminar cuanto antes con ellas y convertirlas en deudas buenas. Sólo de esta manera podremos comenzar nuestro camino hacia la ansiada independencia financiera.

Eco. Augusto Peralta A.

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